Los artículos anteriores que añadí a este blog, fueron publicados en página 12 y titulados Matar a un niño y Los invisibles, y nos muestran dos caras de la argentina actual y los compromisos inclaudicables que debería tomar un gobierno centrado en los derechos humanos para con ellos. Sin embargo, más allá de las actitudes que tome el gobierno, las que mas me preocupan son aquellas que toma el sector "civilizado" de la sociedad: el campo.
Y digo civilizado entre comillas porque nos muestra a la perfección un fenómeno al que se refería Jung y al que denomiminaba la sombra.
En la inauguración anual de la Sociedad Rural se hizo incapié en que los dueños legales de la tierra son el país, la civilidad y la racionalidad, perfumada, atractiva y económicamente poderosa.
Cuando esto leía me venía la imagen de como esta gente, en las últimas décadas de la historia argentina, no dudaba en enviar a sus perros a asesinar, a desaparecer, a torturar. Tampoco podía dejar de lado una imagen previa a la votación de Cobos en el senado, en la que Bussi estaba desencajado diciendo a los medios que no sabía lo que podía pasar en la noche si el voto no los favorecía, y nadie preguntó porqué esta duda, si la gente a la que el conducía era civilizada y respetuosa de las instituciones.
La violencia, señores, solo aparece en las mentes de estas personas a las que la acumulación de dinero no les permitió seguir evolucionando como seres humanos. Personas furiosas, capaces de violar una ves más a las reglas democráticas como ya lo han hecho en muchas otras ocasiones.
Ellos esperan que la sociedad les pida disculpas y hablan de la soberbia del estado, sin tener en cuenta que las desiciones del estado como soberano están muy por encima de un sector productivo por el simple hecho de que el estado representa a la mayoría que lo votó. Entonces me pregunto si la sobervia no significa esperar que el soberano pida disculpas o responda a las espectativas de unos cuantos potentados. Y es ilógico hacerme esta pregunta cuando la respuesta ya la tengo: sí, esperan eso y mucho más.
Y es aquí cuando debemos medir lo que hay en juego y, respetando a las instituciones y al juego democrático, seguir ,nosotros también yendo por más, porque como bien dice Serrat "son ellos los que están matando la tierra".
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