Pero la realidad pudo más y hoy es algo que podemos cotejar en todos lados. Se llama La Corporación y lo escribí en el año 1998. Si les interesa la Anticipación, tomense el tiempo...
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Mi nombre es Hugo Basile, soy Argentino.Lo que sigue a continuación he podido escucharlo con mis propios oídos y visto con mis propios ojos. Mi pobre entendimiento me lleva a exponerlo porque simplemente, lo que aquí sigue me ha llenado de terror y no puedo cargar con ello yo solo. Sin embargo, a pesar de esto, he querido compartirlo porque tengo la esperanza de que, a días del tercer milenio, alguien en este mundo que ya no me pertenece, junte la fuerza suficiente para oponerse a esto. Creo que en algún lugar de este país, o al menos de este planeta, alguien está levantando un pilar de esperanza. Si alguno de ustedes tiene una respuesta, o al menos una ilusión, hagamelo saber, si es que todavía existo.
Introducción (extracto)
Diciembre de 1999
Este manifiesto es dado a conocer, para que todos aquellos que todavía se preguntan el porqué de nuestra situación social tengan su respuesta.
Quienes escribimos este manifiesto somos los que tenemos clara conciencia de la situación, no solo social, sino también política y religiosa en todo el mundo.
A lo largo de todo el mundo, la estructura política, social y económica está mal interpretada por todos aquellos que creen tener la descripción sociológica acertada, basada en las especulaciones que vuestras universidades les enseñan.
Nuestra descripción de la estructura social mundial es totalmente distinta.
La conciencia del hombre actual, que cree dominar sus propios destinos, es el ejemplo claro de el poder que nuestra Corporación desarrolla sobre las masas.
Nuestra Corporación se maneja a escala mundial, a través de la formación de Ejecutores, personas capaces de llevar su poder personal hasta límites inimaginables para el común de la gente.
Estos ejecutores son preparados en las distintas sociedades a través de mecanismos similares a juegos, que los hombres toman como doctrinas atribuibles al «progreso».
Sabemos que hay una pregunta que esta surgiendo desde dentro suyo, acompañado de un sentimiento que conocemos perfectamente, de la misma manera que conocemos la respuesta a su pregunta.
¿Quién puede, a estas alturas, creer todavía en el espíritu del hombre...?
¿Quién puede creer, a esta altura de los acontecimientos, que el hombre pueda ser algo más de lo que se ve; algo más de lo que ha demostrado ser hasta ahora?
Su naturaleza sólo nos indica que lo fundamental en el hombre es su lucha por la supervivencia. No hay modo de convivir si no es a través de la lucha por el dominio. Esto es innato en el hombre, y solo nos lleva a pensar que lo más profundo que tiene el hombre es su inconsciente, y que solo hay una disyuntiva a resolver: si triunfará Eros o Tánatos al final de su historia. Si tendrá más poder la vida que la muerte... y hasta ahora ganamos ...
Si existiera, por mera casualidad, algo diferente a ésta lucha inconsciente, si existiera eso que los decadentes llaman “espíritu”, tampoco tendría las características sublimes que se le atribuyen, y podemos determinar y afirmar, con la mas absoluta de las certezas, que ese “espíritu” es corruptible.
Buenos Aires, diciembre de 1999,
extracto de una conferencia a los Ejecutores de La Corporación
“¿ Y porqué el espíritu no habría de ser corruptible?. Hasta ahora el concepto de Dios fue el del bien absoluto. Sin embargo, en algún momento Dios dejó de ser absoluto para transformarse en una dualidad, y esa dualidad es lo que encierra a todo lo que existe, porque “Dios” es todo lo que existe.
Todo lo que existe es una dualidad, y esa dualidad comprende también al bien y al mal, por tanto, el bien y el mal son parte de una única fuerza, a la que podemos llamar “Dios”.
El libro al que llaman Sagrado, es una demostración de esta dualidad. El viejo testamento nos muestra el aspecto malévolo de un dios caprichoso, capaz de destruir a pueblos completos por no hacer su voluntad, y que pone como ley a la venganza: ojo por ojo y diente por diente.
Un dios que maldice a quienes considera sus enemigos, y que no respeta el libre albedrío de las personas, dándole mayor mérito a los guerreros que asesinan en su nombre. Un dios de lo mas hombre, que recompensa y castiga, en lugar de permanecer neutro para juzgar justamente.
El nuevo testamento, en cambio, nos muestra un dios benévolo, capaz de poner la otra mejilla ante el golpe del enemigo, capaz de abolir su anterior mandato para establecer una nueva regla: ama a tu prójimo como a ti mismo, y más amerita el amar a los enemigos. Un dios que recompensa al hombre que está en paz consigo mismo, con la naturaleza, y con los hombres.
¿ Estamos pues ante un dios contradictorio?. No, señores, estamos ante un dios completo. Cualquiera de las dos opciones está representando al mismo dios, y cada uno está en la libertad de elegir cual de los dos aspectos va a representar. Cada uno elige el dios que desea tener: nosotros hemos elegido a un dios fuerte, elegimos el aspecto poderoso de dios, y no el de la bondad, pues es demostrable que el espíritu es corruptible; que ese aspecto bondadoso puede comprarse, reducirse o modificarse a conveniencia.
También sabemos cual es la forma a través de la cual esto puede ponerse en práctica, esto es, a través de una doctrina que solo incluya como valor humano al poder personal. El universo es un juego a través del cual el hombre puede y debe adquirir poder, no podemos pensar en el hombre, sino solo en los beneficios que este pueda aportar a la Corporación a lo largo de su vida.
Nuestra Corporación se encargará de distribuir en la forma que crea conveniente esos beneficios, pues de ésta manera, guiaremos a la civilización , no solo actual sino de todas las épocas hacia el logro de nuestros objetivos, y sin embargo, más importante que nuestra civilización, es nuestro poder personal, porque este es el poder de nuestro dios en la tierra. Somos la representación del aspecto de dios que nuestros antepasados adoraron, somos la esencia del “Dios de los Ejércitos”. ¿ Puede acaso la figura del “Mesías” representar a ese Dios de los Ejércitos?...Entonces ese es nuestro papel y nuestra función, porque somos los dueños de los ejércitos, y los movilizamos de la manera en que necesitamos hacerlo...”
Buenos Aires, diciembre de 1999
extracto de una conferencia dictada a los Ejecutores
“La pregunta es si deben afectarnos aquellas cosas que suceden en nuestro entorno, si podemos prestar atención a los reclamos. Yo les digo que los Ejecutantes deben elevarse por sobre los problemas que puedan presentarse. Nuestra guía es la razón, y la razón nos lleva a las deducciones lógicas ante un hecho cualquiera, y en la lógica no existen las personas.
Nuestra filosofía nos permite superar cualquier obstáculo que se presente, con la mas absoluta impecabilidad, y de la misma manera en que podemos superar un obstáculo, sea éste de la naturaleza que fuere y siempre que se interponga ante nosotros y nuestro beneficio; los medios para superarlo también deben ser de cualquier naturaleza.
Vamos hacia la perfección de nuestro mundo, y nuestro estamento de perfección ya está formado. El mundo está superpoblado, y en tanto esto continúe, sabemos que la perfección no podrá extenderse a lo largo de todo el planeta, por tanto, debemos crear las condiciones para que el material humano sobrante se autoelimine.
Nuestros Servidores, ubicados en funciones claves a lo largo de todo el planeta, crearán, bajo nuestro mandato, y sin saberlo, las situaciones que no solo nos fortalecerán como clase, sino que además permitirán esta autoeleminación.
Sin embargo, sabemos que la clase de los Servidores es una clase imperfecta, que todavía posee límites, pero también sabemos que las condiciones que ellos creen servirán para que ellos mismos desaparezcan...”
Conferencia...(extracto)
“ ¿Podemos preguntarnos cuál es nuestro destino?
Sí. Tenemos un destino que nosotros mismos definimos, en lo inmediato y en un mediano plazo.
Nuestro destino inmediato es lograr que las potencialidades humanas se desarrollen hasta el punto en el cual sólo importe aquello que nosotros decidimos. Cuando esta instancia agote todas sus posibilidades, quizás lo que conocemos hoy como planeta sea totalmente distinto, y aquí entramos en un mediano plazo.
Todo lo que está creado en el universo puede ser creado por el hombre. No nos importa que el planeta se deteriore, porque nosotros podemos crear otro, totalmente mecanizado. Tenemos la posibilidad de reproducir cualquier especie en forma artificial, y seguiremos evolucionando en esto hasta llegar al punto mas alto.
Sin embargo, nuestro destino a largo plazo lo desconocemos, y solo aquellos que están sobre nosotros, los que rigen nuestro mundo, están en condiciones de conocerlo. Pero estamos en condiciones de asegurar que nuestra función es entrópica.
Solo nosotros conocemos aquello a lo que los hombres comunes llaman “el mal”, solo nosotros conocemos esa sensación de ruptura, poder y gloria que se provoca cuando superamos un límite. Somos dueños de ese poder, y sin embargo, ese poder nos rige...”
Buenos Aires, Conferencia a los Ejecutores
“¿Que debe significar la democracia para nosotros?.
Lo mismo que cualquier otro sistema.
El nacionalismo, el marxismo, el capitalismo, son solo distintos nombres que nosotros mismos hemos creado. En tanto haya conflictos generados por estas distintas ideas, tendremos la garantía de que el poder es nuestro.
Lo que conocemos como democracia, no es mas que una forma mas suave de ejercer nuestra voluntad. Generamos ilusiones, que consisten en que la gente crea que en realidad es su voluntad la que decide sus destinos. Jamás, en ninguna parte del planeta, el hombre común ha sabido que los sistemas que los gobiernan son falsos, y si lo han sabido, no han podido hacer nada con ello, porque sus voces no significan nada. Las voces del pueblo jamás significaron nada. Los hemos conducido a lo largo de la historia como si fueran ganado, y aquellos “líderes populares” que ellos han acuñado como propios, siempre fueron o hábiles servidores, o gente de nuestra clase.
El hombre común cree que los destinos humanos están regidos por su propia voluntad, en tanto que solamente lo están por los factores de poder. Solamente nosotros sabemos que aquellos que en algún momento deciden que tienen la capacidad para dirigir un país, primero deben estar bajo la influencia de nuestra filosofía. Tarde o temprano, quien es elegido por el hombre común termina sucumbiendo ante dos factores inexorables: el orgullo o la impotencia.
Tenemos que tener en cuenta que cualquiera de los sistemas que nacen para derrocar a otros, son distintas formas de ejecutar la misma idea, y siempre, en todos los casos, esas ideas fueron generadas por nosotros.
Cuando un sistema ha generado defectos suficientes como para perder nuestro control sobre ellos, generamos una antítesis que resuelve el conflicto. Con esto logramos dos objetivos: que las presiones que sufre el hombre común tengan un desagote a través de una “esperanza”, y la autoeleminación de la superpoblación a través del conflicto bélico o revolucionario. De esta manera, cualquiera de los sistemas triunfantes estarán bajo nuestra influencia.
Muchos de los hombres claves de distintos países, entre ellos el nuestro, son simplemente Servidores, que solo cumplen con nuestros cometidos, creyendo que el poder es realmente de ellos, en tanto que generalmente, son otros los hombres ,que conforman ese mismo gobierno, quienes manejan el estado. Nosotros respondemos por esos hombres, sin embargo, jamas lo haremos por un Servidor, y para ello existe un solo motivo: los servidores son Ejecutores defectuosos, que jamás podrán llegar a formar parte de nuestra clase, y que mas temprano que tarde, terminarán siendo eliminados por los propios hombres comunes a quiénes ellos gobiernan, o asesinados, si su orgullo se nos va de las manos. un ejemplo de ello es vuestro presidente.
Pero debemos tener en cuenta una cosa: nuestro mayor poder reside en el hecho de que ellos jamás llegarán a saber que no forman parte de nuestro mundo, ni formarán parte nunca, porque si hay algo mas grande que su orgullo, es su estupidez...”
Conferencia a los Ejecutores de la Corporación
(extracto)
Nos preguntan sobre nuestro nivel de conciencia...y nosotros nos preguntamos que significa tener conciencia.
La conciencia nos representa un concepto efímero, sin significado, pero, por sobre todas las cosas, un concepto ambiguo, y la ambigüedad es duda, que finalmente se transforma en debilidad.
La conciencia nos plantea la duda de la moralidad, nos plantea el bien y el mal. La duda otorga al enemigo el tiempo exacto como para acabarnos, y no podemos permitirnos tal desatino.
La conciencia es el obstáculo entre nosotros y nuestro objetivo, por tal motivo nuestro grado de conciencia es nula, porque optamos por cumplir con esos objetivos, que son los que, en definitiva, nos otorgan el poder.
En nuestra Corporación no existe la conciencia, sin embargo, influimos en las sociedades a través de ella.
Lo que se da en llamar « el común de la gente», aprueba en su aspecto mas inconsciente, la falta de conciencia.
El común de la gente se divide en dos sectores: lo moral, o poseedor de una conciencia, y el caos, o total mente carente de ella.
Hay una fuerza caótica intermedia, que está formada por aquellos que deciden acceder a nuestra posición de poder por cualquier medio, ilusión obviamente creada por nosotros para tal fin, pues nunca la alcanzan, comenzando de esta manera un proceso delictivo.
Ante tal perspectiva, el aspecto moral requiere de cierta «seguridad» que la «proteja” de este caos, lo que al mismo tiempo determina su propia debilidad.
La bondad y la moral requieren de fuerzas que efectúen aquellas cosas que su propia debilidad no les permite realizar. Esto es: destruir el caos.
Lo que jamás van a llegar a comprender, por su propia ignorancia ( a la que ellos llaman inocencia), es que estas fuerzas que les dan seguridad, están apoyadas en el mal absoluto.
Para dominar estos dos aspectos de la sociedad, nos apoyamos en dos pilares: la religiosidad, que despierta la bondad; y las fuerzas de seguridad, que en definitiva, son la oposición al caos.
Con esto creamos dos furias en pugna que jamás representan peligro alguno para nosotros, porque a los primeros les enseñamos a amar, y a los segundos a odiar, y entre ellos y nosotros siempre queda un espacio para nuestra existencia, porque a unos les quitamos la capacidad de odiar o de manifestar su odio, en tanto que a las otras, les quitamos la capacidad de respetar y perdonar.
Pero lo fundamental y estrictamente necesario es esto: a todos les quitamos la capacidad de pensar...
¿Qué significa la seguridad?
Cuando hablamos de seguridad, o de fuerzas e seguridad, estamos hablando de nuestra seguridad. La seguridad de los demás realmente no nos interesa.
Cuando hablamos de seguridad hablamos de la seguridad del sistema, y esta es amoldable a la categoría del sistema que impere, y el sistema vigente en cualquier momento de la historia, rige por imperio nuestro, para nuestra protección y nuestra conveniencia.
Si la pregunta es si existe una seguridad básica para la sociedad, diríamos que sí, pero esta seguridad no rige cuando se trata de factores que operen bajo nuestros intereses.
Manejar esta fuerza es muy simple, porque sus componentes, que en definitiva son hombres comunes, carecen de criterio propio de seguridad y justicia.
Cuando hablamos de la ignorancia social, lo hacemos con impecable razón. Esto radica en el hecho de que crean que las fuerzas de seguridad son la representación de lo que ellos llaman justicia.
Para nosotros, la justicia es una palabra carente de significado, y si por fuerza tuviéramos que darle uno, diríamos que justicia es todo aquello que favorece nuestra conveniencia, y en esto, nos parecemos bastante al hombre común. Ellos creen lo mismo...
Sin embargo, la palabra justicia lleva implícito lo equitativo, lo neutral.
Para ser equitativo hay que tener conciencia, y ya dijimos que para nosotros conciencia significa duda.
Por tanto, las fuerzas que guardan nuestra seguridad no pueden dudar, y para esto se les anula la conciencia, por tanto, para ellos, la palabra justicia, tampoco tiene significado.
Ellos están debidamente entrenados y preparados para una sola cosa: el asesinato legal.
Esto también provoca que muchas veces debamos generar conflictos para que ellos puedan desencadenar esas fuerzas destructivas para lo cual están entrenados.
El lavado de cerebro más eficaz que se le pueda realizar a un hombre, consiste en disfrazar el sentimiento innato de violencia con un ropaje heroico basado en la justicia.
Esto hace que sean los hombres más disciplinados, eficazmente violentos, y a la vez, los más imbéciles.
De todos modos, el lavado de cerebro practicado en esta clase de hombres es el menos cruel, si es que la crueldad existe, porque aún conservando su capacidad de pensar, no sabrían como usarla...
Conferencia a los Ejecutores.
¿Cómo controlamos a estas fuerzas?
Las formas básicas son dos: la primera es la ilusión, y la segunda la ignorancia.
Los motivamos con la suficiente ilusión como para crear en ellos un sentimiento de justicia, que a su vez genera una sensación de poder, un poder que, por supuesto, es falso.
Este poder reside en el hecho de que ellos creen que todos deben subordinarse a ellos, porque son la imagen de la justicia. En ésto, utilizar su ignorancia es fundamental.
Deben ser lo suficientemente ignorantes como para no darse cuenta de que ese supuesto poder personal es relativo, porque en realidad no existe.
Nunca se nos escapan de las manos, aunque a través de ciertos medios visuales les hacemos creer que sí.
La gente común tiene cierta imagen de la justicia, que, aunque nosotros sabemos que es estrictamente conceptual, si las fuerzas de seguridad lo asumiesen, provocaría que jugasen en contra nuestra.
Nosotros manejamos la imagen de esta fuerza para que, en el momento en que lo creamos conveniente, podamos mover la balanza a nuestro favor.
La jugada es simple. Manejamos su instinto marginal y asesino hacia un enemigo imaginario, logrando que de esta manera ataquen a la gente en forma indiscriminada, siendo esta misma gente, la que los acaba en el momento oportuno.
Estas fuerzas pueden ser manejadas en todos los ámbitos.
Dominamos a la perfección una de las fuerzas mas poderosas de la tierra: la ignorancia.
¿ A qué le llamamos ignorancia?
Al hecho de provocar que la gente crea que el verdadero juego en esta vida es el que la gente juega.
Ellos jamás sospechan nuestras verdaderas intenciones, y nos atrevemos a decir que ni siquiera sospechan de nuestra existencia.
La modalidad instalada por nosotros en este siglo se basa en lo racional. Nada que pertenezca al campo de la imaginación es respetado.
Nuestro contacto con las fuerzas que manejamos es muy sutil, podríamos decir que es casi «mágico». Por tanto, para descubrir nuestra relación con los movimientos del mundo, hay que remitirse exclusivamente a la imaginación, porque es la única manera de encontrar el hilo que conduce hacia nosotros.
Pero ningún hombre que se precie de cierta seriedad, se atrevería a especular o imaginar hasta encontrarnos. Nadie arriesga su propio juego para descubrir el nuestro, y a los que lo hacen jamás se los toma enserio.
Somos para el mundo sólo un concepto filosófico, y lo filosófico no es moneda corriente en este siglo.
No estamos protegidos con tanques. Caminamos libres entre la gente, pero también controlamos sus destinos.
Para el mundo, lo serio es el dinero, y este juego es el que juegan, sin saber que el dinero es la fuerza material mas perfecta que hemos creado, porque los ejércitos mueren y destruyen por su fuerza ilusoria, y las leyes de esta fuerza son las que hoy rigen.
Sin embargo, por ser creación nuestra, el manejo del dinero no encierra ningún secreto para nosotros, porque somos sus dueños.
Con el arma de la ignorancia manejamos a naciones enteras.
Dijimos que hay dos aspectos fundamentales en el hombre común que deben ser tomadas muy en cuenta para poder manipularlos, y son la ilusión y la ignorancia.
Cuando un pueblo, a través del arte necesario, está manejado con las riendas del deseo, es porque está en condiciones de tomar cualquier cosa que se les ofrezca y que los lleve a la satisfacción de ese deseo.
Cuando queremos que un pueblo se convulsione, operamos de modo que ese deseo no pueda ser satisfecho, y ésto es lo que genera la ira, dirigida hacia quien creamos necesario.
Nosotros les vendemos lo que desean, pero jamás aquello que necesitan, y lo primero puede ser desde un jabón hasta un sistema de gobierno.
Durante un gobierno de facto, se ilusionan con la compasión y la justicia de nuestras fuerzas e seguridad.
Hasta que ya es tarde y mueren a manos de ellas.
Durante un gobierno «elegido» trazamos un programa ficticio de gobierno, basado en la ilusión de que verdaderamente eligen. Cosa que también descubren cuando nuestros ejecutores ya están en el poder.
Nunca vamos a perder una elección, pues mantenemos a una masa de seres a los cuales compramos con chucherías.
Esta masa es totalmente maleable hacia cualquier posición, a excepción de una: favorecerse a sí mismos.
Alimentando la ilusión de los ignorantes tenemos siempre una carta bajo la manga, y los llevamos siempre hacia donde nosotros queremos.
Aunque reconocemos que no solamente contamos, para estas cosas con nuestro discurso, sino que utilizamos dos sustancias que son siempre aliadas infalibles que hemos creado: el alcohol y los narcóticos.
Y a veces... ciertos espectáculos deportivos.
Conferencia...
Creamos y generamos con el único fin de adquirir poder.
Para nuestra Corporación, el crecimiento de la humanidad, en función de cantidad, es una arma más.
Nuestra Corporación, a través de los siglos, se ha mantenido consciente de lo que es y de lo que será.
Cada uno de nosotros es, por y para la Corporación, y esto le ha permitido que su historia se siga generando a través de sus propios objetivos.
Cuando los que hoy estamos en la Corporación dejemos de existir, estamos seguros que de quienes nos sucedan la llevarán a cumplir con tales objetivos como si fuéramos nosotros mismos.
Nuestra Corporación es impersonal, no fue creada por nadie ni sigue los pensamientos de nadie. Sólo es y seguirá siendo.
Sin embargo, la mayor parte de los hombres comunes nacen y mueren sin saber a dónde van ni de dónde vienen, sus objetivos son meramente personalistas, y se dejan guiar por sistemas de vida que nosotros incorporamos sutilmente.
Por lo tanto, pasan por la vida y mueren, sin saber siquiera, que han hecho durante ese tiempo.
Que se entienda que nuestra Corporación es consciente de sí misma a través de las edades; y que la humanidad carece de esta conciencia, tanto como masa, como individualmente.
A los hombres que tienen un esbozo de conciencia, los anulamos a través de la voluntad de la masa.
Nosotros creamos la historia de estos hombres. Creamos los motivos de sus pasiones, de sus luchas, y de sus desilusiones. También de sus éxitos políticos, sociales y comerciales.
Cada una de estas fuerzas puestas en juego, generan el poder del cual nosotros nos alimentamos.
Ellos giran en torno a las fuerzas materiales, de las cuales hay un único dueño, y ese dueño es nuestra Corporación.
La humanidad crece y se regenera alrededor de estas luchas, y aumenta su número en forma prodigiosa.
Cuando su cantidad llega a un número crítico, se generan dos fenómenos: el primero es una superpoblación que se entorpece así misma, y lucha por individualizarse y obtener una mejor calidad de vida, en algunos casos, y sobrevivir en otros.
Quiénes luchan por individualizarse, comienzan a respetar al pie de la letra nuestros mandatos, y muchos llegan, incluso, a ser Ejecutores. La mayoría no llega a ninguna parte.
Tanto de unos como de otros, la Corporación absorbe y se adueña de sus fuerzas materiales, siempre a través de nuestros Ejecutores y Servidores en el gobierno.
Por supuesto que siempre nos movemos en torno a esta fuerza caótica que, llegado el momento, corre el peligro de desbalancearse.
Este es el punto crítico en el cual introducimos el concepto de superpoblación.
Superpoblación es el concepto que comenzamos a manejar cuando una civilización llega a un punto en el cual su estado es tan caótico que ya no nos resulta útil.
Ya sus fuerzas materiales han sido absorbidas, y un sector productivo de esa humanidad nos ha dado sus frutos intelectuales y científicos.
Aquí comienza a manifestarse el segundo fenómeno, y éste es la autoeliminación.
Algunos hombres creen que es por castigo divino, sin embargo, es nuestra Corporación la que decide las tácticas para dar nacimiento a una nueva época.
Solamente desencadenamos algunos conflictos previamente planificados que, gracias a la situación caótica, parecieran fluir y propagarse como si fuesen una epidemia.
Cuando mueren millones a través de estos conflictos, el hombre común tiende a soñar con una nueva civilización, sin embargo, aunque formalmente distintos, los errores que cometen vuelven a ser los mismos.
Cuando la devastación ha despoblado nuevamente a las áreas a explotar, y hay más “lugar” en el mundo, el hombre se encuentra en condiciones de brindarnos nuevos frutos. Volvemos a generar de nuevo el proceso que nos permitirá regenerarnos para enfrentar la nueva época, con nuevas planificaciones para las nuevas comunidades.
De ésta manera, nuestra Corporación se vuelve a sentir consciente de sí misma, en tanto la humanidad ni siquiera habrá podido darse cuenta de lo que sucedió. Ni siquiera podrá explicarse que pasó.
Conferencia...
Sí. Hay un trabajo claro y preciso para los servidores.
Ese trabajo claro y preciso es el de abrirnos las puertas al mundo. Digamos que en cierta forma son ellos los que hacen el “trabajo sucio”.
También hay límites para los servidores, y este límite está marcado por ellos mismos.
Sabemos que aquellos que nos precedieron en nuestra Corporación, estuvieron siempre libres de cuestiones individualistas, y que es esto precisamente lo que mantiene a la Corporación a través de la historia.
Tenemos el poder absoluto y también dominamos a la materia, sin embargo, ninguno de nosotros posee nada.
El límite que los Servidores se ponen a sí mismos, consiste en su propio egoísmo. Dicen trabajar para la Corporación, y, al menos formalmente lo hacen, pero no confían del todo en el poder de ésta, y mucho menos, pretenden abandonar su individualismo.
Los servidores creen que el poder que manejan es propio, y que la Corporación requiere de sus servicios por el poder que poseen.
Pobres ilusos!, mucho antes siquiera de que sepan qué es el poder, la Corporación los selecciona y se los otorga por sus características innatas, que luego ayudamos a desarrollar.
Muchos de los postulantes a Ejecutores son poseedores de éstas características, y los preparamos especialmente, cuidadosamente, de manera tal que ni siquiera ellos saben que pertenecen a la categoría de Servidores.
Los Ejecutores tienen ambición, poder e inteligencia; pero llegado el momento comprenden que hay valores muy superiores, diré que absolutos, que están muy por encima de lo material, pues la materia puede dominarse, pero estos ocultos valores no.
Para tenerlos por un tiempo, hay que ser dueños de una total capacidad de desprendimiento. Y ese desprendimiento es el que permite vivenciar, intensamente y por primera vez, lo que realmente es el poder, pues no hay mayor poder que no necesitar nada.
Es aquí donde el Ejecutor toma conciencia de que la materia es solamente una muleta, para llegar a algo más tangible, como verdaderamente lo es el poder.
Los Servidores, en cambio, solo se quedan con la muleta, y jamás conciben la posibilidad de desprenderse de algo.
Creen que el medio es el fin en sí mismo; y es aquí dónde traicionan a la Corporación, y dónde muestra su principal falla: los Servidores, creyéndose dueños del poder, tienen la capacidad de traicionar, no sólo a aquello que los rodea, sino también a la fuerza que los alimenta.
Un Servidor subestima al mirar hacia abajo, pero lo que es peor, y esto los hace totalmente prescindibles, es que también subestiman al mirar hacia arriba
Cuando miran hacia la Corporación se creen soberbios.
Pero hay una diferencia: soberbio es quién cree haber llegado al máximo de su poder personal cuando sólo ha recorrido una cuarta parte del camino.
Nosotros no tenemos camino que recorrer, porque somos el poder, y no suponemos tener algo que, en verdad, es una y lo misma cosa con cada uno de nosotros.
Somos los protagonistas y directores de la historia, y solo nosotros, los que fuero y los que serán, podemos decidir el rumbo del mundo.
No podemos, ni queremos escuchar los gritos del mundo, porque el mundo no merece ser escuchado.
La humanidad es la pieza de ajedrez, que no decide el destino del juego, sino que solamente lo representa tal cual nosotros lo planteamos.
Dominamos y decidimos sobre la principal fuerza material, y los países crecen y mueren si lo decidimos conveniente. Por tanto, sus voces pueden ser oídas, pero nunca escuchadas. Nada damos que no nos sea conveniente dar; pero pedimos y obtenemos aquello que nadie está dispuesto a dar, y más temprano que tarde lo obtenemos.
Nadie que no pertenezca a la Corporación posee derecho alguno sobre su vida.
Aún escapando al sistema, tarde o temprano lo utilizamos desde alguno de nuestros flancos, porque la Corporación llega a todos lados, y abre brechas en los corazones mas curtidos, buscando el germen que poseen todos los hombres, que en todo momento, a lo largo de la historia, pertenece a nuestra Corporación....aunque todavía no lo sepan.
Conferencia...
No. La Corporación no pertenece a ningún país en especial. Sus miembros forman parte de todos los países.
Tampoco pertenecen específicamente a una clase social, aunque los Ejecutores, indefectiblemente, terminan perteneciendo a un sector alto en la escala social.
A lo largo de la historia los distintos sistemas políticos han puesto distintos nombres a la protección de un territorio: nacionalismo, soberanía, y tantos otros.
Sin embargo, la tendencia es hacia lo internacionalización de los distintos continentes. Pronto desaparecerán las barreras limítrofes, aunque sigan estando de una manera meramente formal.
Todos nuestros sistemas comerciales son multinacionales, es decir, están en todos lados pero no pertenecen a ninguno, incluyendo su país de origen.
El sentido es corporativista, y es por esto que responden a las minicorporaciones y a la Corporación propiamente dicha.
Implementamos dicho sistema para que nadie se sienta parte de ningún territorio.
La Corporación es como un gran país sin delimitación geográfica.
Ya no vemos a los hombres como blanco, negro, chino o americano, sino como objeto pasible de productividad, aunque en muchos lugares, se sigue haciendo uso del racismo, un antiguo sistema implementado por la Corporación para dividir y gobernar mejor.
Un Ejecutor es capaz de “traicionar” a su propia tierra natal, aunque traicionar no es la palabra apropiada, porque para traicionar primero hay que pertenecer, y un Ejecutor solo pertenece a la Corporación.
Pero es conveniente, y lo demostramos en nuestros discursos externos, que las sociedades sigan creyendo y creando determinados conceptos, porque funcionan a modo de manejadores que serán accionados en el momento oportuno.
La Corporación y su periferia se mantiene al margen de semejantes conceptos, porque de ésta manera puede observar los movimientos sociales y políticos en todo el mundo, sin distinción alguna, camuflada y maniobrando.
Se puede maniobrar con cada situación humana, y para esto hemos desarrollado diversos métodos que van transformando al hombre en un ser unidimensional, eliminando los opuestos, y convenciendo a las sociedades de su poder de elección.
Cuando el hombre común elige, ya no tiene oportunidad de hacerlo entre los opuestos. Ni siquiera entre los medios.
Cuando el hombre común ejerce su “poder de elección”, lo hace entre dos cosas de idéntica naturaleza.
Por tanto, en la práctica, jamás elige, porque las alternativas que nosotros les imponemos, no existen. Siempre hay una sola alternativa, aunque parezcan más.
SEGUNDO MANIFIESTO
Es mucho más lo que he podido escuchar, y estaré en condiciones de revelarlo antes de que comience el próximo milenio. Solo pido que aquellos que hayan tenido referencias a La Corporación me lo hagan saber. Quizás todavía estemos a tiempo.
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